Cambio de Blog...

Por problemas de configuración, seguiré adelante en:

http://jainess.blogspot.com

Nos vemos ahí, no hace falta decir que estáis todos invitados!!

Teach me...

Enséñame pues, amigo crítico cómo lo harías tú, o como, bajo tu punto de vista, debería escribir una chica de mi edad.

Debes tener una vida muy triste, vacía y aburrida para leer este blog que tanto aborreces, la verdad... Qué pena que busques tu felicidad y realización personal metiéndote con la vida, la manera de ser y actuar de los demás.

Haz tú un blog y demuéstranos qué es lo que sabes hacer.

P.S: Por cierto, querido crítico, escribir, va con B de Blog.

¿Preparados?

Nuevo curso... Estoy como quien dice "en capilla" para empezar a lidiar de nuevo con las exigencias de los estudios y todo lo que ello conlleva, y el sentimiento es contradictorio. Por un lado, mi verano ya se estaba haciendo demasiado largo, a pesar de haberle puesto el broche con un gran fin de semana en S'Agaró en casa de mi amiga Susana con 5 compañeros de batallas; y por el otro me da pereza infinita volver a pegarme los madrugones, pasarme las horas en las aulas, etc, etc. Aunque a algunos de mis compañeros de estudios, con los que he trabado sólida amistad a lo largo de estos años, tengo ganas de verlos, la verdad, así que mañana será un día de nostalgia de las vacaciones y de reencuentros y anécdotas bañadas en el café terrible de las máquinas.

Empieza un nuevo curso, con ilusiones y ganas de trabajar, con más canas que hace un año (qué desgracia la mía) y, seguro, que con mil momentos dignos de recordar en días venideros.

Así pues, con este post doy por iniciado el curso 2008-2009, en el que, además de trabajar más y mejor que el curso anterior (ánimo de superación puro y duro), espero tener este blog un poco más al día, aunque apenas me lea nadie. Y qué mejor manera de darlo por iniciado que con la imagen que hoy me ha alegrado el día, la semana, el año...


A punto de ebullición...

Queridos amigos, visitantes (pocos) y detractores. A pesar de haber tenido esto bastante abandonado, por el frenesí del final de curso y, porqué no decirlo, la pereza estival, aquí estoy, otra vez, ante el teclado, intentando ordenar palabras con el objeto de entreteneros, asquearos, o lo que sea que os produzca este pequeño espacio.

La verdad es que la vida sigue tratándonos benévolamente a mí y a los que quiero (el resto, la verdad, nunca me han interesado demasiado). He tenido reencuentros al borde de una taza de café con gente que me importaba, he tenido risas, apoyo, achuchones, amor (mucho), pero también he tenido estrés y rabia, porque hay gente que, desde luego, como dice mi abuela, es para darle de comer a parte. Pero el balance general de este tiempo de silencio es positivo.

Hoy, bien, ayer (ya son las 0.54) ha sido el cumpleaños de aquel con quien comparto desde hace 1 año y 5 meses (hoy exactamente) mi vida, y a pesar de ser un día rutinario marcado por su trabajo y el cansancio, se ha intentado celebrarlo lo mejor posible, con besos y regalos, y los mejores deseos que mi cabeza desatornillada puede imaginar. Ah! Y mañana lo celebraremos con una fiesta como se merece a lo largo y ancho de la bella Barcelona.

No sé si os acordaréis de un post en el que reflexionaba a mi manera acerca del matrimonio. Pues bien, ya como pareja consolidada, él y yo nos vamos de boda el sábado que viene, y creo que, cuando lo pienso, estoy yo más nerviosa que la propia novia, ya que es la primera vez que voy de acompañante a una boda, y porque apenas conozco a nadie, y porque tengo 4 vestidos y no sé cual ponerme, ya que cada día cambio de opinión, aunque para mi tranquilidad parte uno de claro favorito.

¿Cómo es posible que a la 1am haya 29.8ºC en mi habitación con las ventanas abiertas de par en par? Esto es una locura, vamos a morir todos...




Me comeré el mundo, con papel y todo...





Tremendo vídeo, para que lo disfrutéis en esta calurosa noche... ¡Qué suerte los del otro lado que están en invierno! (Obviamente, nunca estamos conformes con lo que tenemos...)

Requiem por un sueño...

Hoy, sólo una simple recomendación cinematográfica. Tremenda película, y muy dura, por qué no decirlo... Creo que todos deberías verla, porque es de esas que te hacen cosquillas en la conciencia...

Aquí os dejo una muestra...


Las palabras necias... ¡Me dejaron sorda!

Hacía muchos días que no dejaba huella por aquí, queridos y pacientes visitantes. Será por eso que cada vez que entro tengo la sensación de que me lee menos gente (tampoco pretendo ser ciegaacitas, ojo). Imagino que no he pasado dado el curso de los acontecimientos y el montón de faena atroz que nos han puesto en las clases. Hoy, sin ir más lejos, hemos tenido que entregar tres casos prácticos de civil, que nos facilitaron anteayer; aunque, por otro lado, creo que es el ritmo frenético lo que me mantiene viva y con la cabeza ocupada ante esta vorágine de sucesos y decepciones.

Ayer, en la región donde yo vivo, se celebró el día el amor, Sant Jordi, donde a causa de una leyenda (de princesas, dragones y caballeros, como debe ser) ocurrida en la villa de Montblanc (de donde, por casualidades de la vida, es el padre de mi pareja), la tradición manda que a las mujeres se les regalen rosas y a los hombres libros (diría que ayer fue el día internacional del libro). A pesar de eso, de pintar como un día estupendo, donde la gente se echa a la calle, y las mujeres van con rosas en las manos (yo misma recibí 5, 3 de mi novio, una de mi padre, y otra de un amigo al que hacía años que no veía, y me encontré ayer vendiendo rosas), fue un día amargo, por acontecimientos externos y ajenos a nosotros que espero que no lleguen a dejar huella en nuestra historia esencialmente dulce.

La verdad es que dicen que muchas veces la traición es un punto de vista, pero ya no es la simple traición, sino la decepción. He, hemos, estado bastante tiempo creyendo y apreciando a ciertas personas que lo único que han hecho por nosotros es arreglarnos la vida, hablar de cosas en las que ni entraban ni salían (saltándose la autocrítica, evidentemente) y haciéndome sentir uno de los vacíos más hondos que he sentido en los últimos tiempos.

Aunque, la verdad, no perece mi optimismo, mi conciencia está tranquila, no sé si por su inexistencia, por mi inconsciencia o porque realmente yo no he hecho nada; así que a mirar hacia adelante, que como me dijeron ayer, muy acertadamente, a lo largo de la vida entra y sale mucha gente, una para quedarse y dejar huella, y la otra para salir tal y como ha entrado. Al final, creo que son los buenos los únicos que se conservan, aunque en el fondo, nacemos, vivimos y morimos solos.

Por lo pronto, me espera un fin de semana bonito. Mañana vamos a ver el musical Cabaret, pasado mañana, por fin, voy a ver a mi amiga Nora, que vive en Granada y hace 15 años que no veo, el domingo descansar y trabajar en la faena pendiente, y disfrutar mucho del amor que crece día a día contra todos los obstáculos.

A pesar de todo, puedo afirmar con orgullo, que tengo gente en mi vida, por las que creo que mi misma existencia en sí ha merecido la pena sólo por el hecho de haberla conocido, y eso, al final, y a pesar de todas las decepciones (se aprende la lección con dolor, pero se aprende), es lo que me vale, porque así la soledad de la existencia no se hace tan cuesta arriba.

[Me gustaría, a parte, mandar un beso y un achuchón a mi amigo Albert, que ayer tampoco tuvo un buen día... Piensa que no hay mal que por bien no venga, amigo.]


Exorcista y vacía...

Tengo un mal día. La verdad es que llevo con esta desazón desde ayer por la mañana, rozando el mediodía, cuando me abordó por sorpresa la representación de mi pasado hecha persona. Quizá me siento así porque de ninguna manera esperaba toparme con esa situación, o quizá, vete tu a saber. El caso es que llevo desde hace más de 24 horas esquivando recuerdos y echándolos de mi pantalla interna, exorcizando mis fantasmas e intentando que no vuelvan, porque a este paso me voy a volver loca. A parte, el entorno no ayuda mucho. Pongo la radio, y todas las canciones hablan de reconciliación, de volver a empezar, de retomar cosas que estaban levitando en algún tipo de limbo. Lo escribo aquí, porque así me es más fácil contarlo, a parte de que este rincón es discreto y lo lee poca gente, y porque me da pánico contarlo en persona, por vergüenza, o porque la gente puede sacar conclusiones equivocadas, o por lo que sea.

Exorcizo y esquivo fantasmas y recuerdos, a veces agradables, a veces no tanto, que tenía guardados en una cajita bien cerrada en el fondo de mi cabeza. Pero hace poco más de 24 horas se abrieron, dando paso a un torrente de imágenes y palabras que han hecho que mi estómago, mi ánimo y mi cabeza se vuelvan del revés, y trastornada totalmente me consumo en unos lloriqueos silenciosos tratando de deshacer este nudo interior que me oprime.

Yo querría, como no, conservar intactos y poder repetir todos los momentos felices que he pasado a lo largo de mi existencia, hasta ahí de acuerdo. Lo que me duele realmente es que lo que yo deseo no sea compartido, vamos que quizá siempre he querido estar bien con las personas que han sido importantes en mi vida, y esas personas han decidido omitirme. Aunque, fríamente, no se de qué me quejo, si fuí yo la que decidí cerrar el grifo de esa situación. Muchas veces no llevo muy bien las consecuencias de mis actos. Posiblemente sea eso lo que me pase.

Pero a parte de sentirme como una componente más de la brigada de los Cazafantasmas, hoy me siento totalmente vacía. Ya sabéis, amigos, como las latas de refresco cuando te las terminas, y las aprietas y se doblan. Pues así me siento yo hoy, como si después de haberme vaciado de pensamientos alegres me hubiesen dado un manotazo en el estómago y me hubiese quedado doblada. Mis ánimos están por los suelos, no sé si por el sobresalto de ayer, o porque hoy tenía que ser así de todas formas, pero me metería debajo del edredón y lloraría y lloraría, hasta no poder más y quedarme dormida, presa de la agradable modorra que te provoca el llanto continuado. Pero no quiero llorar, hoy no. No quiero dejar que las cosas del pasado que antes no pudieron conmigo, lo hagan ahora. Aunque tenga el estómago cerrado, aunque tenga la sensación de que hasta me afecta físicamente, aunque piense que voy a estallar en llanto en cualquier momento. No puedo ceder. Mañana, posiblemente, haya pasado todo... Pero a pesar de eso, hoy es hoy, y hoy no puedo evitar plantearme cosas y tener pensamientos extraños...




"Cuando salí por fin del reservado
noté que las campanas del pasado
repicaban a duelo..."

Joaquín Sabina - El caso de la rubia platino.

Rhett Butler...

A pesar de que aún estoy en la edad en la que se me puede considerar jovencita (recuerdo, a los que se hayan incorporado tarde, que aún no he cumplido los 23), tengo una pasión enfermiza por el cine. Me evade totalmente el mirar una buena película (mejor si va precedida de un buen libro, evidentemente), y a pesar de ser joven, me encantan las películas antiguas. Mi película preferida, los que me conocen lo saben de sobras, es Lo que el viento se llevó (Gone with the wind, para los del otro lado del charco, que como nunca se sabe como se hacen las traducciones, así nos entendemos todos.), y mi modelo de hombre ideal, mi amor platónico principal es Rhett Butler, la cual cosa repito desde que tengo diez años, y repetiré hasta el día que salga de mi casa con los pies por delante... Aunque eso sí, el Rhett Butler que está bajo la sonrisa del inolvidable Clark Gable (el Rhett Butler de Timothy Dalton en Scarlett no me acaba de convencer). Y así como Gone with the wind, me encanta Casablanca, Gilda, Breakfast at Tiffany's, Cabaret (voy a ver el musical el día 25!), La rosa púrpura del Cairo, y un largo etcétera. Creo que antes la manera de hacer cine era mucho más elegante, más fina, con historias preciosas y elaboradísimas, en las cuales se han gestado grandes mitos del cine. Eso no quita, obviamente, que hoy en día se hagan grandes obras de arte, pero las películas antiguas tienen otro sabor, otro olor y transmiten sensaciones diferentes, y los galanes, ni punto de comparación... (excepto Heath Ledger, que el altísimo lo tenga en su gloria... Qué triste que todos mis amores platónicos, excepto Enrique Bunbury, estén criando malvas... Soy tan gafe...)

Y mi abuelo, que es un galán de los de antes, forjado como espectador en los mejores cines de la época, harto de oírme decir cada vez que tengo ocasión que Rhett Butler es el hombre de mi vida, y cada vez que paso con él en el coche por delante del cartel de publicidad donde se anuncia el libro de Rhett Butler, tercera y, de momento, última parte de Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell (seguido por Scarlett, de Alexandra Ripley, ambos en mis estanterías desde hace años), y oírme lamentarme porque aún no había olido sus páginas, me tenía hoy reservada una sorpresa. Al llegar a casa, después de las clases de la universidad, había un paquete envuelto en papel rojo, y ahí estaba, impreso en letras doradas Rhett Butler, de Donald McCaig, primer libro de la saga escrito por un hombre, y el cuál voy a empezar con ilusión y ganas en cuanto acabe de escribir estas líneas. Así, me estaré leyendo tres libros simultáneamente: La Conspiración de Dan Brown, Pandora de Anne Rice (ya no puedo vivir sin sangre!) y mi última adquisición...

Y recordándo la escena final de Lo que el viento se llevó, me despido...

- Rhett, si te vas, ¿a dónde iré yo?. ¿Qué podré hacer?.
- Francamente, querida, me importa un bledo.
(Sale Rhett de la casa, y Scarlett se queda tirada en la escalera llorando)
- ¡'Tara'!,... mi hogar. He de volver a mi hogar. Ya encontraré alguna forma de hacerle volver. Después de todo, mañana será otro día.


Acerca del pasado...

Hoy he tenido el día nostalgico -sino que le pregunten a Albert y a Luisen- ya que, a parte de haberme pasado la clase de procesal cantando chorradas tipo Fruitis, Delfy, Fraggle Rocks, etc., y a pesar de haber tenido la mayor parte de horas del día ocupadas, sumergida hasta el cuello en una jornada maratoniana, me ha dado por hacer una especie de retrospectiva más autoanálisis, más una dosis de flagelación anímica y otra dosis equivalente de optimismo calmante, que a pesar de haber desempolvado imágenes que mantenía a buen recaudo en el baúl de mi memoria, no me han hecho caer en el abismo depresivo que, a veces, me da cuando los desentierro, no por el recuerdo, sino por haber sido tan...llámale paciente, llámale ingenua, llámale estúpida...

Miro atrás y me veo a mi misma zigzagueando entre situaciones surrealistas y de intenso desgaste anímico. Momentos en que sentía mi vida como cualquier canción de Sôber (mi primo Vector me entenderá por donde van los tiros, al ser gran conocedor de la discografía de estos). Es por eso que, en aquella época, dejé de escucharlos, porque explicaban muchas de mis situaciones y las solucionaban, y yo, por alguna extraña razón, no reunía el valor, o lo que hiciese falta, para hacerlo. Na miña terra se dice que cualquier tiempo pasado fue mejor... Yo lo matizaría, porque sé que estoy mejor ahora que en años de tiempo pasado, aunque en el baúl de mis recuerdos (uuuh uuuhhh) guardo pequeños terroncitos de azúcar que me hacen sonreír, por gente con la que he compartido mi camino, y, por qué no, a la que he querido. Ahora miro atrás y, afortunadamente, esos terroncitos de azúcar, aunque sea esporádicamente endulzan el paladar de mi memoria. Y cuando esto pasa, me quedo ensimismada, sonriendo como una boba, y disfrutando de ese dulce fugaz. Ese es el pasado que me gusta recordar, aunque hoy ha salido a la superfície el otro, el que no me gusta, el pasado de los reproches, del sentimiento de culpabilidad, de los malos ratos, de las malas caras, de las explicaciones absurdas, del dejarpasarlavidasinmás aquel pasado en que sentía que mi vida giraba sobre un eje y que la cuerda se hacía cada vez más corta, hasta ahogarme. Y ese es el "pasado Sôber", el que, aunque intente no tenerlo en cuenta, está ahí, conviviendo conmigo y dándome aguijonazos en el alma cuando menos me lo espero, aunque, por fortuna, como en las canciones de Sôber, le planté cara, lo dejé atrás, y decidí que mis futuros recuerdos deberían tener más terroncitos de azúcar que amarga hiel... Porque de todo se aprende, de unas cosas más que de otras, pero todos los aspectos de la vida guardan una pequeña lección entre sus recovecos...


"El pasado no se olvida, se aprende a vivir con él. He ahí tu castigo..."



Todos me miran...

Conozco muchas parejas encantadoras, de esas que da gusto verlas, que con sólo mirarlos ves que hay un gran amor y respeto mútuos... Luego también conozco otras que, por parte de uno de los miembros se cometen las más atroces faltas de respeto, haciendo que me hierva la sangre cuando me pongo en la piel del no-respetado, pero hoy, como es domingo, hace buen día, y estoy de buen humor y de vacaciones, voy a hablar de las primeras, y más concretamente de una en particular.

Como decía, conozco muchas parejas encantadoras, de esas que se miran embelesadas, adorando tanto los defectos como las virtudes del otro, respetándose al máximo, divirtiéndose juntos y queriéndose cada día más, aunque haga poco tiempo que uno está en el mundo del otro, y viceversa. Hoy me gustaría hablar de mi amigo J., componente de una de esas parejas que da gusto ver, de miradas chispeantes y besos dulces, de palabras bonitas y gestos dulces. Y quiero hablar de mi amigo J., porque la particularidad de su tándem es que ambos son hombres. J. era una persona, una gran persona, que iba dando tumbos por la vida, dando palos de ciego, sin acabar de encontrar el lugar al lado de esa persona con la cual soñaba, alguien con quien encajase, y que fuese capaz de entenderlo y respetarlo como se merece. A lo largo de horas y horas de conversaciones con mi amigo J., en que los ánimos han estado a todas las alturas, la conclusión a la que llegaba más repetidamente es que, después de haberse llevado tantos palos, si alguien quería de verdad estar con él, tenía que trabajarselo. Su firme intención, en estos asuntos del amor, era hacer sudar al otro, para darse cuenta si de verdad el candidato en cuestión merecía la pena o no. Pero J. dejó caer sus firmes convicciones amorosas al suelo cuando una noche de viernes se cruzó en su camino un querubín menudo de brillantes ojos verdes, con la sonrisa deslumbrante de aquéllos que vienen del medio del mar, llevando consigo la tranquilidad, el brillo y los colores de su isla paradisíaca. Y desde aquella noche, su vida, su concepción del amor, cambió, porque mi amigo J., no se ha vuelto a separar de ese menudo querubín con el que se tropezó aquella noche, entre luces de neón, miradas furtivas y sonrisas de medio lado. Y hoy el querubín está en su isla, seguramente, al igual que J., contando los días para volver a estar juntos, y para que su historia siga ese rumbo constante y a buen ritmo que ha llevado hasta el momento. Y porque a pesar de la distancia que los separa, litros y litros de líquido elemento, sus almas están juntas, porque esa es la gracia del amor, aunque, por desgracia, una parte de este mundo, no sea capaz de entenderlo... Y ellos ahí están, amándose con pasión y ternura, contra todo y contra todos si hace falta, rompiendo prejuicios y barreras para poder ser totalmente felices... Y porque al final, a pesar de todo, y pase lo que pase, se tienen el uno al otro, y a todos los amigos que los entienden y respetan con independencia de a quien quieran, porque lo importante es querer, sea a quien sea, y quien no lo vea así, realmente, es que no conoce el significado del amor en estado puro...

Gracias por darme el privilegio de ser vuestra amiga, J. y N. Bonita pareja, bonitas personas...